En un mundo organizado por alturas invisibles, dos cuerpos habitan una disputa silenciosa: subir, sostenerse, no caer. Entre impulsos de ascenso y fuerzas que arrastran, la escena revela una pregunta incómoda: ¿quién define lo que está abajo?
Rastrera no habla del suelo como lugar físico, sino de las jerarquías que ordenan la mirada. Lo alto aparece como promesa de valor, pureza o poder; lo bajo, como marca impuesta sobre aquello que alguien necesita señalar. Pero mientras los cuerpos buscan elevarse, el peso, la gravedad y la fragilidad recuerdan otra verdad: todos pertenecemos a la tierra.
Interpretes: Natalia Boffa y José Gasanea
Puesta en escena: Sebastián Hustu
Vestuario: Fabiana Aguilar
Producción: Virginia Bertetti